RECORDANDO A LOS JAIL BLAZERS

‘No nos vamos a preocupar por lo que digan los fans sobre nosotros. No nos importan. Pueden insultarnos todos los días, pero seguirán pidiéndonos autógrafos cada día si nos ven por la calle. Es por lo que ellos son fans, y nosotros jugadores de NBA’

Cuando Shaq y Kobe destrozaron las ilusiones de los Blazers en el 2000, un escalofrío recorrió el alma de los aficionados de los Blazers, tan cerca la gloria…el comienzo de una de las etapas más negras de la franquicia se acercaba. La llegada de un pasado Shawn Kemp era el preludio, el germen de los llamados y temidos Jail Blazers. Del periodo 2001-2005 si un aficionado quería saber noticias de los Blazers sólo debía acudir a la sección de sucesos de los periódicos.

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Feliz y despreocupado, el abismo se acercó, su carrera llegaba a su fin

Kemp, otrora estrella de la liga, llegaba con la idea de dar ese salto de calidad para alcanzar las finales, sin embargo a final de la temporada de 2001 lo único que consiguió fue un internamiento en una clínica de desintoxicación por sus problemas con la cocaína. La salida de jugadores como Jermaine O`Neal, y especialmente el despido del entrenador Mike Dunleavy, junto la llegada de Maurice Cheeks al banquillo, supuso el empujón necesario para desencadenar el ego y los instintos más primarios de jugadores con personalidades volcánicas. El reguero de sucesos empezaba con el fichaje del agente libre Ruben Patterson, cuya carta de presentación fue una acusación de violación de su mujer y de su niñera.

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Ruben Patterson, desquiciado con el arbitraje

La llegada de Patterson coincidió con la del rookie Zach Randolph, quién a sus 21 años ya tenía serios problemas con el alcohol. En 2002 llegó otro conflictivo rookie, Qyntel Woods, un talento que jamás asentó la cabeza, y quién se llegó a identificar ante la policia en una detención con un cromo suyo. Ese mismo año durante un entrenamiento Patterson decidió abusar verbalmente del rookie, hecho que Z-Bo no aceptó, la mecha se encendió y comenzó un altercado que se saldó con una multa de 100000 dólares a Randolph y la cara destrozada de Patterson. En esos momentos la situación deportiva de los Blazers se limitaba a llegar a playoff y no ser capaces de pasar primera ronda, la desidia e indolencia de los jugadores, y la falta de comunión con Cheeks les acercaba cada vez más al abismo.

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Qyntel Woods

El liderazgo de los pesos pesados del vestuario tampoco ayudaba, Rasheed Wallace y Damon Stoudamire jamás fueron ejemplo a seguir. Cuando la policía les obligo a parar su llamativo Hummer amarillo volviendo de Seattle descubrieron un alijo de marihuana en su interior. La dirección de los Blazers, con su presidente Steve Patterson al frente buscó y forzó el traspaso del primero en 2004, y la rescisión del contrato del segundo, quien completó un programa de rehabilitación de 90 días y públicamente juró dejar de tomar marihuana, probando su sobriedad ante el periodista John Canzano, hecho que le hizo recuperar el aprecio de parte de la afición, sin embargo su ciclo en Portland llegaba a su fin.

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Rasheed Wallace jamás fue el líder que necesitaban los Blazers

Las continuas peleas entre Darius Miles y Cheeks llegaron al límite en el que Miles llegó a comentar que le importaba mas bien poco si el equipo perdía veinte partidos seguidos con tal de conseguir despedir a su entrenador…para culminar el esperpento Woods se vio implicado en la organización de peleas de perros, aunque el bueno de Randolph también andaba metido, supuso una multa y la rescisión de su contrato con los Blazers, la carrera de Qyntel en la NBA se limitó a un par de presencias por Miami y Knicks antes de deambular por Europa.

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¿Realmente le estaba escuchando?

La travesía por el desierto de la indiferencia deportiva fue larga, sólo el aire fresco de las llegadas de Greg Oden, aunque fuese uno de los mayores fiascos de la NBA, Brandon Roy, y LaMarcus Aldridge, permitió la regeneración de un grupo viciado, y asentar unas bases sólidas que le permitiesen volver a la senda de los playoff. El periodo de tinieblas desapareció, una de las épocas más convulsas y esperpénticas de una franquicia NBA tocó a su fin. Para los aficionados siempre nos quedarán las anécdotas de un grupo tan talentoso como descerebrado, tan peculiar como irrepetible, los Portland Jail Blazers.

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