CARMELO ANTHONY, EL OCASO DE UN KILLER

Un reto personal llevó a Carmelo a la Gran Manzana en 2011, la ilusión de una ciudad depositada en uno de los suyos. Nacido en Brooklyn, Carmelo Anthony tenía ante sí la oportunidad de llevar a lo más alto a los Knicks, una franquicia histórica pero deportivamente maldita las dos últimas décadas. Fueron años donde las exhibiciones personales se sucedieron con unas cifras anotadoras destacables, pero su individualismo jamás llegó a elevar el nivel competitivo de un equipo que terminó anclándose en la mediocridad dentro de la liga. Año tras año el hartazgo del exigente público neoyorkino empezó a señalar a su gran estrella, los días en la franquicia de su corazón parecían tocar a su fin. El traspaso de 2017 rumbo a Oklahoma parecía alimentar el hambre competitiva de Melo, con 33 años ya a sus espaldas el anhelo de conseguir el anillo parecía más cercano que nunca.

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Decepción es la palabra tras su etapa en los Knicks

A priori el Big Three que formó los Thunder parecía ser serio candidato al título, con Paul George y Russel Westbrook a su lado, sería la primera vez que debería replantear su rol dentro de un equipo, ¿Sería capaz de asumir un rol más secundario no siendo la opción principal del ataque de su equipo? Su anarquía ofensiva unida a la pasividad defensiva no tardó en generar los primeros roces dentro de su nueva franquicia. Tanto jugadores y entrenador empezaban a mirar con recelo al futuro hall of fame. La caída en primera ronda ante los Jazz fue el colofón negativo a su corto periplo en Oklahoma. Finalizando un tóxico y elevado contrato, Carmelo sería el encargado de elegir el siguiente destino en su carrera. Tras ganar millones dentro de la NBA, su único objetivo era el poder competir para conseguir ese deseado anillo que coronase una carrera que empezaba a vislumbrar su final.

Oklahoma City Thunder v New York Knicks
Parecía que la alegría llegaría en OKC pero….

Lebron esperaba en Los Angeles con los brazos abiertos la llegada de su amigo, perfecto complemento para abrir el campo en el ataque de los Lakers, sin embargo la decisión fue unirse a los Rockets de Harden. Sobre el papel un destino idóneo para él, una franquicia en la que los espacios y el lanzamiento exterior son la base sobre la que se cimenta el juego. Sin embargo, todo la ofensiva de Rockets orbita sobre ‘la barba’, sin olvidar la presencia de Chris Paul, Eric Gordon, o PJ Tucker, los focos cegaron la realidad. Ser la tercera, cuarta opción del ataque, y pasar en el banquillo los momentos calientes de los partidos iba sacando de quicio a Melo. Su actitud distante, y el carácter ante la nueva situación parecía abocar esa relación al fracaso, y así fue, los Rockets tras diez partidos deciden traspasarlo a los Bulls, un duro golpe anímico para Melo que vio como Chicago decidió cortarlo sin llegar a debutar, un nuevo y aterrador escenario para la carrera del alero.

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Decepción tras un paso fugaz por los Rockets

Con 35 años a sus espaldas y tras una temporada caótica su futuro más próximo se torna oscuro, la sombra alargada de una posible y prematura retirada sobrevuela sobre él. Conflictivo y áspero en el vestuario, las franquicias han perdido el interés en sumar a sus filas a un jugador cuya facilidad para anotar le abriría las puertas de cualquier equipo, con la opción europea también descartada, sólo nos queda preguntarnos, ¿Volveremos a ver en la NBA a Carmelo Anthony?

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Volverá la sonrisa, o ¿Una retirada a tiempo es una victoria?
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